🇪🇸 Spanish · A1–B1 · Chapter 46 of 48

Capítulo 46: Alonso Quijano el Bueno

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Capítulo 46: Alonso Quijano el Bueno

Una mañana, muy temprano, don Quijote despertó con la mente clara. Llamó a su sobrina con una voz tranquila y nueva.

—Sobrina, llame al cura y al barbero —dijo—. Tengo algo importante que decirles.

Pronto llegaron el cura, el barbero y también Sansón Carrasco. Se sentaron junto a la cama, sorprendidos por su calma.

—Amigos —dijo don Quijote—, ya no soy quien era. Yo estaba loco, y ahora, gracias a Dios, estoy cuerdo. Ya no soy don Quijote de la Mancha. Soy Alonso Quijano, a quien la gente llamaba el Bueno. Ahora veo con claridad todas las locuras que hice.

El cura, para probarlo, le habló de gigantes y de encantamientos. —Ya no hay gigantes para mí, señor cura —respondió Alonso Quijano, con una sonrisa triste—. Solo hay un hombre viejo, que pronto va a morir.

El barbero, todavía sonriendo, señaló el viejo yelmo de Mambrino. —¿Y esto, señor? —preguntó, casi en broma—. ¿Es un yelmo o una bacía? —Es una bacía de barbero —respondió Alonso Quijano—. Yo ya lo sé.

Todos se quedaron en silencio, sin saber si reír o llorar. Sansón Carrasco, que había sido el Caballero de la Blanca Luna, sintió una gran tristeza. El barbero, en la puerta, empezó a llorar sin ruido.

—Perdónenme el daño que les hice con mis locuras —dijo Alonso Quijano—. Ahora quiero morir en paz, con la mente tranquila.

La sobrina, al oír esas palabras, se echó a llorar también. —Tío, no hable de morir —dijo, entre lágrimas—. —Hija, la muerte llega cuando Dios quiere, no cuando nosotros queremos —respondió él, con calma—.

Esa tarde, alguien subió a la habitación de los libros. Cerró la puerta con llave, despacio, sin decir nada.

Los libros de caballerías, por fin, quedaban cerrados para siempre. Ya no iban a cambiar la vida de nadie más.