🇪🇸 Spanish · A1–B1 · Chapter 43 of 48

Capítulo 43: Los azotes

Don Quixote — tap any word for its meaning, or tap a sentence to see it in English.

Capítulo 43: Los azotes

Era de noche en un bosque de la Mancha. Don Quijote y Sancho estaban sentados entre las hayas, cerca del fuego. Sancho todavía no se había dado los azotes que Dulcinea necesitaba.

—Sancho, esta noche debe usted empezar —dijo don Quijote—. La pobre Dulcinea sufre por su culpa. Sancho no quería azotarse: le dolía solo pensarlo.

—Pero tengo una idea —dijo Sancho—. Cada azote vale dinero, señor. Un cuarto de real por cada azote: eso es justo.

Don Quijote, desesperado por liberar a Dulcinea, aceptó el precio. —Está bien —dijo don Quijote—. Empiece usted ahora mismo.

Sancho se levantó, se alejó unos pasos y se quitó el cinturón. Pero, en la oscuridad, no se azotó a sí mismo.

Golpeaba las hayas con el cinturón, una y otra vez. Cada golpe sonaba fuerte en la noche silenciosa. Y con cada golpe, Sancho gritaba como si sintiera un dolor terrible.

—¡Ay, qué dolor! —gritó Sancho—. ¡Uno más, y van veinte! Don Quijote escuchaba, lleno de compasión, y contaba los azotes en voz alta.

—Sancho, pare, se lo ruego —dijo don Quijote—. Si usted parara ahora, yo le pagaría el doble de oro. Pero Sancho no paraba: el dinero era demasiado bueno para parar.

Sancho siguió golpeando las hayas toda la noche, entre gritos y quejidos. Apenas empezó a salir el sol, Sancho anunció el final.

—¡Ya está, señor! —gritó Sancho, contento—. ¡Los tres mil trescientos azotes están completos!

Don Quijote se levantó de un salto, feliz como no lo estaba desde hacía mucho tiempo. —Dulcinea ya es libre —dijo, con los ojos llenos de lágrimas—. Su encantamiento ha terminado esta noche.

Los dos amigos volvieron al camino, hacia el pueblo. En cada pueblo, don Quijote miraba con atención a todas las mujeres. Don Quijote buscaba la cara de Dulcinea en cada mujer que veía.

Pero ninguna mujer del camino era ella. Dulcinea, libre por fin, no estaba en ningún camino.