🇪🇸 Spanish · A1–B1 · Chapter 40 of 48
Capítulo 40: El Caballero de la Blanca Luna
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Capítulo 40: El Caballero de la Blanca Luna
Al amanecer, don Quijote y Sancho bajaron a la playa. Allí estaba el Caballero de la Blanca Luna, montado en su caballo, cerca del mar. El sol brillaba en su armadura blanca.
—Don Quijote de la Mancha —dijo el caballero—. Yo soy el Caballero de la Blanca Luna. Vengo a pedirle algo. Confiese que mi dama es más hermosa que su Dulcinea. Si no confiesa, tenemos que luchar.
El corazón de don Quijote latió fuerte. Pero levantó la cabeza, orgulloso. —Ninguna dama es más hermosa que Dulcinea del Toboso —dijo don Quijote—. Ella es la mujer más hermosa del mundo. Yo no puedo mentir sobre eso, y usted no puede cambiar esa verdad.
—Entonces, luchemos —dijo el Caballero de la Blanca Luna—. Mucha gente de Barcelona miraba desde la playa. Los dos caballeros se pusieron en sus lugares, sobre la arena.
Rocinante estaba cansado, pero listo para luchar una vez más. Los dos caballos galoparon el uno hacia el otro. Todo pasó muy rápido.
La lanza del Caballero de la Blanca Luna golpeó a don Quijote con mucha fuerza. Don Quijote y Rocinante cayeron juntos sobre la arena.
Don Quijote quedó tirado en el suelo, sin poder moverse. La lanza del otro caballero tocaba su visera. —Confiese, don Quijote, o voy a matarlo —dijo el Caballero de la Blanca Luna—.
Don Quijote, tirado en la arena, respiró fuerte y pensó en Dulcinea. Sancho, desde lejos, no podía hacer nada. Sancho gritó el nombre de su amigo, pero don Quijote no se movió.
La playa estaba en silencio. Solo se oía el mar. Todos esperaban la respuesta de don Quijote.