🇪🇸 Spanish · A1–B1 · Chapter 32 of 48
Capítulo 32: La profecía de Merlín
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Capítulo 32: La profecía de Merlín
Esa noche, don Quijote y Sancho fueron al jardín del duque. Había mucha gente en el jardín. Todos los amigos del duque estaban allí. Don Quijote se sentó cerca del duque.
De repente, todo estaba en silencio. Sancho tenía un poco de miedo.
Entonces apareció Merlín entre los árboles. Merlín era el mago de las historias viejas, con una voz muy extraña. —Yo tengo una profecía para ustedes —dijo Merlín—. Sancho debe darse tres mil trescientos azotes. Solo así, Dulcinea va a ser libre.
Don Quijote escuchó todo en silencio. Sancho se puso furioso. —¿Yo mismo? —gritó Sancho—. Eso es una locura. No quiero azotarme a mí mismo.
—No hay azotes, no hay ínsula —dijo el duque. El duque no quería dar la ínsula sin los azotes. El duque miró a Sancho. —Sancho, usted prometió ser gobernador —dijo el duque—. Sin los azotes, usted no va a tener su ínsula.
Sancho miró a don Quijote, buscando ayuda. Pero don Quijote no dijo nada. Sancho pensó mucho esa noche. No quería perder la ínsula. Pero no quería los azotes.
Al final, Sancho aceptó un trato difícil. —Voy a darme los azotes, pero despacio —dijo Sancho—. Uno por uno, y no antes de tiempo. El duque se puso muy contento con el trato.
Sancho comprendió que la ínsula tenía un precio muy alto. Esa noche, en el jardín, empezó una historia larga y dolorosa para Sancho. Nadie sabía cuántos azotes Sancho iba a darse de verdad.