🇪🇸 Spanish · A1–B1 · Chapter 27 of 48

Capítulo 27: La Dulcinea encantada

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Capítulo 27: La Dulcinea encantada

—Allí vienen tres mujeres en burros —dijo Sancho, señalando—. Sancho dijo que una de ellas era Dulcinea. Don Quijote miró hacia el camino con atención.

—¿Dónde? —preguntó, sin ver a nadie especial—. —Allí, señor, la del medio —dijo Sancho, señalando otra vez—.

Don Quijote llegó cerca de las tres mujeres. Don Quijote bajó de Rocinante para saludarla. —¡Mi dama Dulcinea, don Quijote quiere verla! —dijo Sancho—.

La campesina miró a don Quijote, confundida. —¿Qué dice este hombre? —preguntó ella—. Olía a ajo, nada más.

Don Quijote no vio a Dulcinea. Vio solo a una chica de pueblo, cansada y confundida. —Esta no es mi Dulcinea —pensó, con el corazón roto—. Las tres campesinas se fueron, riendo. Sancho las miró irse, confundido también.

Don Quijote se quedó allí, pensativo. Sancho dijo que esa mujer siempre era así. —No, Sancho —respondió don Quijote—. Yo sé que esa no era Dulcinea.

Solo había una explicación posible. Los encantadores cambiaron a Dulcinea. La cambiaron en una pobre campesina. Sancho dijo que él también lo creía.

Pero, en su corazón, don Quijote estaba muy triste. Dulcinea, su dama perfecta, ya no era así. Ahora ella era solo una campesina que olía a ajo.

Así empezó la gran tristeza de don Quijote. Para él, el mundo ya no era tan simple como antes. Pero don Quijote no iba a dejar de buscarla. Su Dulcinea estaba en algún lugar, encantada y esperando.